EL ETERNO FEMENINO ROSARIO CASTELLANOS EPUB

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El Eterno Femenino Rosario Castellanos Epub

Author:MARLINE HEILER
Language:English, Portuguese, German
Country:Cyprus
Genre:Religion
Pages:525
Published (Last):28.12.2015
ISBN:349-6-17347-434-2
ePub File Size:18.80 MB
PDF File Size:12.25 MB
Distribution:Free* [*Sign up for free]
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En el depsito de cadveres, yaca el cuerpo de un hombre. Pidieron un caf filtrado Harald y un cappuccino Claudia.

El del hombre que recibi un disparo en la cabeza, que encontraron muerto. Por qu iba a resultar sorprendente que fuera un hombre? No era ya un modo de admitirlo todo, de dar crdito a que pudiera haber sucedido? Asumir que el cadver fuera el de una mujer lo ms comn, un crimen pasional sacado de las pginas de sucesos de los peridicos del domingo era aceptar la posibilidad de que se hubiera cometido, introducirlo en el contexto de una vida.

La de l. La violencia fortuita de las calles nocturnas que haban esperado leer en el rostro desconocido del mensajero formaba parte de los riesgos posibles en aquel lugar, junto con otros ms generales, como el de contraer una enfermedad, no realizar una ambicin, perder el amor. Aquellos que son responsables de una existencia admiten que la exponen a todo esto.

Matar a una mujer en un arrebato de pasin celosa; el mero hecho de que se les ocurriera con vergenza, aceptando su banalidad periodstica supona permitir incluso que la misma naturaleza de esos actos pudiera romper los lmites de ese contexto vital.

Seguimos sin saber nada. Ella no contest. Sus cejas se alzaron cuando estir el brazo para coger los sobres de azcar.

Gordimer, Nadine - Un Arma en Casa

La mano le temblaba ligeramente, privadamente, tras la reciente convulsin violenta de su cuerpo. Si l se dio cuenta, no coment nada. Ahora entendan lo que haban esperado de l: una sensacin de ultraje ante aquello, ante aquella acusacin absurda contra l.

Ante su presencia all, entre dos policas, delante de un juez. Esperaban que se abalanzara al verlos eso era para lo que estaban preparados para decirles qu cosa? Lo que pudiera, dentro de los lmites impuestos por aquella sala con los policas merodeando, los funcionarios reuniendo papeles y los curiosos perdiendo el tiempo.

Que era un disparate que estuviera all, que tenan que sacarlo de ah inmediatamente, los oficiales inoportunos protestaran, de qu? Dselo, dselo.

Alguna explicacin. Cmo poda nadie pensar que aquella situacin era posible. El abogado, un buen amigo. Y eso era todo. Su espalda cuando bajaba por las escaleras, un polica a cada lado. Ahora, mientras Harald estiraba una pierna para poder coger las monedas del bolsillo, l estaba en una reclusin que ellos no haban visto nunca, en una celda. El cuerpo de un hombre estaba en un depsito de cadveres. Harald dej una propina para el joven que canturreaba.

Los mezquinos rituales de la vida forman una aturdida continuidad sobre lo que se ha detenido. Esta tarde insistir en llegar al fondo de todo esto. Anduvieron hacia su coche a travs de la montona extensin de la ciudad, separados y unidos de nuevo por la acera que se ensanchaba y estrechaba en funcin de otras personas que vivan su vida, de las mercancas esparcidas de los vendedores, apiladas en pequeas pirmides de verdura, chicles, gafas de sol y ropa de segunda mano, los fogones de gas en que se frean salchichas como fragmentos curvos de tripas humanas.

Por la tarde, no pudo dejar que esperaran. Era el da de la visita mensual a un hospital. Se supona que los mdicos como ella, dedicados a la medicina privada, tenan que hacer frente a las necesidades de algunos barrios de la ciudad, en lo que haban sido zonas residenciales de blancos donde, en los aos recientes, se haba producido un flujo, un gran incremento en nmero y variedad de la poblacin. Haba desempeado esta obligacin regularmente; ahora, la conciencia la aguijone e hizo que pasara por encima de lo que haba detenido; se dirigi al hospital en lugar de acompaar a Harald al abogado.

Tal vez tambin lo haca para convencerse de que lo que haba sucedido no poda haber pasado? No era da para analizar motivos; slo para seguir los pasos fijados en la agenda. Se puso la bata blanca es funcionara, como el juez, encorvado bajo la toga y entr en el dominio institucional que le era familiar, el esterilizador humeante, con su batera de instrumentos de precisin para cada uso, la coreografa de la eficiencia de la joven enfermera, con su cofia de mueca, blanca y almidonada, sujeta sobre su peinado rasta.

Algunos de los pacientes no tenan palabras, en ingls, para expresar qu desarreglo sentan en su interior. La enfermera traduca cuando era necesario, transmitiendo las preguntas de la doctora, cambiando con facilidad de una lengua materna a otra que comparta con aquellos pacientes, y transmitiendo sus respuestas.

La procesin de carne se expuso ante la doctora. Era el medio en que trabajaba, los abundantes muslos negros separados reticentemente con pudor la enfermera bromeaba con las mujeres, mama, la doctora es una mujer como t , los pechos con vello blanco de los ancianos que auscultaba.

Las tiernas barrigas de los nios que se deslizaban bajo la palma de su mano, lgrimas de terrible reproche sobresalan de los infantiles ojos cuando tena que introducir la aguja en la suave almohadilla de su brazo, donde el msculo todava no se haba desarrollado.

Lo haca de la misma manera que cualquier otra actividad necesaria, con toda su habilidad para evitar el dolor. No era se el objetivo?

Hay muchos dolores que surgen de dentro; esta mujer con un tumor que le crece en el cuello, fcil de palpar para unos dedos experimentados, y la habitual procesin de pensionistas trabados por la artritis.

Pero el dolor viene de fuera: la violacin de la carne, un nio quemado por una olla de agua hirviendo que se ha vertido, o una navaja clavada. Una bala. Este atravesar la carne, la fuerza, el mbolo de una bala que ha entrado muy hondo, una aleacin de acero que rompe el hueso como si destrozara una taza de t; ella no es cirujano, pero en esta violenta ciudad ha visto cavar en busca de esas pepitas y levantarlas con una palanca en las mesas de operaciones; conservan la forma aerodinmica de la velocidad misma, no hay elemento en el cuerpo humano que pueda resistir, ni siquiera mellar, una bala, y los que sobreviven recuerdan el dolor de modo diverso, pero todos coinciden: un asalto.

El dolor que es producto del cuerpo mismo, de su mal funcionamiento, forma parte de uno; de alguna manera, un misterio que la ciencia mdica no puede explicar, el cuerpo es responsable. Pero esto La bala: el asalto puro del dolor. El objetivo de la vida de un mdico es defender la vida frente a la violencia del dolor. Ella est al otro lado de la lnea divisoria que la separa de los que lo causan. La lnea divisoria definitiva, entre la muerte y la vida. El cuerpo cuyo interior est explorando con una mano enguantada en goma como si fuera un zahori que, instintivamente, es conducido a una fuente escondida tiene un feto, tres meses de vida dentro de l.

Se lo digo de verdad.

Con los otros, nunca estuve tan mala. Todas las maanas, mareada como un pato. Echar los hgados por la boca. Cree que eso significa que es nio, doctora? La paciente adopta la timidez burlona que las mujeres emplean muchas veces ante un mdico, la consulta es su escenario y ofrece la rara oportunidad de una pequea actuacin. Bueeeno, mi marido se pondra como loco de contento. Pero yo le digo, si esta vez no viene, no s t, pero yo lo dejo. La doctora re con ella cortsmente.

Podramos hacer una prueba sencilla si quiere conocer el sexo de la criatura. Oh, no. Es la voluntad de Dios. Despus pasa una sucesin de las habituales dolencias de corazn e infecciones bronquiales. La vida avanza con dificultad movida por los cansados bramidos de los pulmones de los viejos y palpita suavemente de modo visible entre las costillas de un nio esqueltico.

Algunos de los que aparecen esta semana, como todas las semanas, tienen los ojos achicados por el grueso tejido de su rostro y otros siguen presentando las infecciones cutneas caractersticas de la desnutricin. Comen demasiado o tienen demasiado poco para comer. Es relativamente fcil recetar a los primeros, porque tienen el remedio en s mismos.

Para los segundos, lo que se les receta se lo niegan circunstancias ajenas a su control. Verduras y fruta fresca: son demasiado pobres para permitirse el lujo de estos remedios, lo que han ido a buscar a la consulta es un frasco de medicinas.

La doctora lo sabe, pero tiene preparado un montn de hojas que proponen platos hechos con diversas legumbres como sustitutos de lo que deberan poder comer. Le tiende una hoja con gesto alentador a la mujer que ha trado a sus dos nietos al mdico.

Las piernas grisceas y llenas de cicatrices de los nios estn desnudas, pero, a pesar del calor, miran a la doctora desde debajo de gruesas gorras de lana que cubren las llagas de la cabeza y les llegan hasta las cejas.

La mujer no necesita que la enfermera haga de intrprete, sabe leer el papel y lo estudia lentamente, sujetndolo con el brazo extendido, tal como hacen las personas mayores que empiezan a perder vista de cerca.

Lo dobla con cuidado. Su tiempo ha terminado. Conduce a los nios hasta la puerta. Da las gracias a la doctora. No s qu podr conseguir de todo esto. Quiz pueda intentar comprar algunas de estas cosas.

El padre sigue en la crcel. Mi hijo. Lista de los acusados. Acta de acusacin. Harald se mantena algo distante con una fra atencin para separar lo que eran pruebas de la interpretacin de esas pruebas.

Indiciarias: ese da, esa tarde, viernes, 19 de enero de , un hombre fue encontrado muerto en una casa que comparta con otros dos hombres. David Baker y Nkululeko Dladla, Khulu.

Estos llegaron a casa a las siete y cuarto de la tarde y encontraron el cadver de su amigo Cari J espersen en el cuarto de estar. Tena una herida de bala en la cabeza. Estaba tendido parcialmente sobre el sof, como si interpretacin le hubieran disparado por sorpresa y hubiera intentado levantarse. Llevaba sandalias de las que sujetan el dedo gordo con una tira, una de las cuales estaba retorcida y colgaba del pie, y bajo el albornoz estaba desnudo.

Haba unos vasos sobre un tambor africano junto al sof. Uno de ellos contena los restos de lo que pareca haber sido una mezcla conocida con el nombre de Bloody Mary: una lata vaca de zumo de tomate y una botella de vodka estaban sobre el televisor. Los otros vasos, por lo que pareca, no haban sido utilizados; haba una botella de whisky cerrada y un cubo de hielo medio fundido sobre una bandeja situada en el suelo, junto al tambor.

Pruebas mezcladas con interpretaciones. La habitacin no se encontraba en un estado de desorden fuera de lo comn; es una vivienda informal de soltero. La habitacin estaba a oscuras, con la nica excepcin de la luz del equipo reproductor de discos compactos, que nadie haba apagado despus de que se acabara el disco.

La puerta principal de la casa estaba cerrada, pero las cristaleras que comunicaban el cuarto de estar con el jardn permanecan abiertas, como lo estaban en verano, incluso cuando haba ya oscurecido. En el jardn -al que se hace referencia- hay una casita. El perro de Lindgard estaba dormido fuera de la casita y, aparentemente, no haba nadie en ella. La polica lleg veinte minutos ms tarde.

Un hombre, un ayudante de fontanero llamado Petrus Ntuli, que ocupaba una edificacin anexa a la propiedad a cambio de su trabajo en el jardn, fue interrogado y dijo que haba visto a Lindgard salir a la terraza de la casa y dejar caer algo mientras cruzaba el jardn en direccin a la casita. Ntuli pens en devolver aquello, fuera lo que fuere, pero no encontr nada.

Llam a Lindgard, pero ste haba entrado en la casita. Ntuli no tena reloj. No poda decir qu hora era, pero el sol estaba bajo. La polica registr el jardn y encontr un arma en un macizo de helechos. Baker y Dladla la identificaron de inmediato como el arma que guardaban en la casa como proteccin ante los ladrones; ninguno pudo recordar a cul de los tres nombres estaba la licencia.

La polica se dirigi a la casita. No hubo respuesta cuando llamaron a la puerta, pero Ntuli insisti en que Lindgard estaba dentro. La polica forz la puerta de la cocina y se encontr con que Lindgard estaba en el dormitorio. Pareca aturdido. Dijo que haba estado durmiendo. Preguntado si saba que su amigo Cari J espersen haba sido atacado, palideci interpretacin y pregunt: est muerto? A continuacin protest por la invasin de la casita por parte de la polica e insisti en que se le permitiera hacer varias llamadas telefnicas, una de las cuales dirigi a su abogado.

El abogado, evidentemente, le aconsej que no se resistiera a la detencin y se reuni con l en la comisara, donde las pruebas de las huellas dactilares no permitieron llegar a ninguna conclusin porque el macizo de helechos haba sido regado recientemente y las huellas del arma estaban casi borradas por el barro.

Esto no es una historia de detectives. Harald tiene que creer que el tipo de acontecimientos que ese gnero describe es real. Cuando le cuenta a Claudia lo que le ha dicho el abogado, ella mueve la cabeza de un lado a otro a cada nuevo nivel de detalle y no le interrumpe.

Del silencio de ella, l deduce que no ha dicho nada; no ha trado nada que pueda explicar lo ocurrido. Duncan sali de la casa de aquel hombre y dej caer algo en el jardn en el camino de regreso a la casita. Se encontr un arma. Duncan dijo que estaba durmiendo y no haba odo a sus amigos ni a la polica cuando llamaron a la puerta. Nada de esto revela nada ms, da ms explicacin que la que obtuvieron cuando se vieron cara a cara en la barrera de la sala.

Su breve abrazo mientras tena el rostro vuelto hacia otro lado. Su respuesta a cualquier necesidad: nada. Harald ve, informado por la presencia de Claudia, que lo que ha contado, a l mismo y a ella tambin, es un simple acertijo: quin lo hizo. La peticin de libertad condicional hecha por el amigo abogado tan seguro de s mismo haba sido rechazada de nuevo. Pero por qu? Por qu? Todo lo que se le ocurre a Claudia es el razonamiento, que por lo general se acepta sin cuestionar, que afirma que una persona que podra cometer otro crimen no puede quedar libre con la nica garanta del dinero.

Duncan, un peligro para la sociedad! Por el amor de Dios, por qu? El fiscal ha recibido alguna informacin insinuando que podra desaparecer: escaparse. Del pas? Ahora se encuentran en la categora de los que consiguen escapar al castigo por dinero, porque pueden permitirse pagar la fianza y seguir libres. De dnde vena esa idea? La chica ha sido llamada para ser interrogada, parece que ha dicho que l estaba amenazndola con aceptar un trabajo que le han ofrecido en Singapur.

No s, para sacudrsela, parece. Ella dej caer el comentario, tal vez intencionadamente. Quin puede adivinar qu estaba pasando entre ellos. Si Claudia est insatisfecha con lo poco que Harald ha aclarado con esta explicacin, acaso ella habra podido conseguir algo ms?

Bueno, que lo intente entonces. Un preso a la espera de juicio tiene derecho a recibir visitas. Es el turno de Claudia: me gustara hablar con ese J ulin Comosellame, antes de que vayamos.

Harald sabe que ambos sienten un rechazo irracional a establecer de nuevo contacto con el joven: no matis al mensajero, la amenaza es el mensaje.

Claudia no es la nica mujer con un hijo en la crcel. Lo ha entendido esta tarde. Ya no es la que reparte el consuelo o sus placebos para los desastres de los dems, mientras ella est a salvo, intocable, en otra clase. Y no se trata de las justas leyes que han trado consigo esta forma de igualdad; es algo distinto. No hay nada sentimental en esto tampoco y, por ese motivo, no hablar de ello con nadie, ni siquiera con quien es el padre de un hijo que est en la crcel; podra ser mal interpretado.

Claudia telefone al abogado para conseguir el nmero de telfono del mensajero que se haba presentado ante la puerta de seguridad del adosado y haba entrado a la hora del caf, despus de la cena. Fue inflexible, Harald la oy hablar cuando localiz al mensajero; le dijo que deba volver aquella tarde. Y no maana. En esta ocasin, cuando abri la puerta al mensajero, Harald le tendi la mano: J ulin Verster.

Claudia haba apuntado el nombre. Qu pensaba de ellos? La ocasin no tena precedente al que atenerse; una ocasin social, una inquisicin, una llamada: qu clase de hospitalidad es sta, qu medidas son adecuadas, por ejemplo el t o las bebidas preparadas, la colocacin de ceniceros y la disposicin de una butaca cmoda marcan la naturaleza de otras ocasiones. Todo estaba en su lugar habitual en la habitacin; lo que era, en s mismo, inadecuado, incluso raro.

La actitud de ambos hacia l haba cambiado, vencida por la necesidad. Vean en ese joven la posibilidad de obtener algunas respuestas, incluso podran leer en su aspecto algo sobre el contexto en que pudo suceder lo sucedido. Todo el mundo lleva el uniforme de cmo se ve a s mismo o de cmo se disfraza.

Voluminosas zapatillas de deporte con complicados adornos, lengetas altas y suelas gruesas, de las que llevan ahora tanto los ministros como los funcionarios y los estudiantes, y lleva tambin el propio Harald, en su tiempo libre; mejillas horadadas con las marcas tribales del acn adolescente, ojos separados, de un castao perruno, oscurecidos por densas cejas que contradicen con autoridad las incertidumbres de una boca que inicia varios gestos antes de hablar.

Un rostro que sugiere una personalidad sumisa y leal: el miembro ideal de una pea de amigos. En su trabajo, Harald est acostumbrado a observar estas cosas cuando se rene con futuros socios. Siento haber interrumpido as tus planes para esta tarde, pero cuando viniste la otra noche nos quedamos Fue difcil asimilarlo todo.

Como amigo de Duncan, supongo que te pasara algo parecido: tuvo que ser duro para ti tener que venir a vernos. Nos damos cuenta. El joven asiente con un gesto hacia abajo de la comisura de los labios que es, a su vez, su manera de tender una mano a Harald. Me sent fatal por haberlo hecho tan mal: pero no se me ocurri otra manera.

Y l me lo haba pedido, me lo encarg. Ahora estaban sentados formando un grupo cerrado. Claudia estaba vuelta hacia l, compartan el sof, y Harald haba acercado una butaca, para hablar. Por qu no nos llam l. Pero era una afirmacin ms que una pregunta.

Estaba muy afectado, ya podis imaginar. Fue desde la comisara? No, desde su casa; me localiz en el mvil y di media vuelta en mitad de la calle Las rodillas y las manos de Claudia se juntaron con fuerza, las manos sobre las rodillas. Fuiste a la casa. Lo vi. No poda crermelo. Para ellos, lo que vio fue el hombre del depsito de cadveres Claudia conoce el procedimiento de la autopsia: a veces guardan el cadver durante das antes de que se realice el proceso.

Pero se ve en su rostro para este tal J ulin Verster, lo visto era su amigo Duncan, ya que Duncan es su amigo. El que se den cuenta de eso permite que empiecen a decirle qu quieren de l. Por un acuerdo instintivo, ninguno de los dos tiene ms derecho que el otro, lo interrogan alternativamente; han encontrado una frmula o, por lo menos, cierta estructura que han elaborado para s sin que exista precedente. Podras darnos alguna idea de cmo Duncan puede haberse visto metido en todo esto?

En qu medida su Hoy he ido al abogado. T formas parte de ese grupo de amigos, verdad? En realidad, no conocemos a ninguno Claudia se volvi hacia Harald, pero intervino con ojos bajos y distantes. Excepto a la chica, su novia, la ha trado una vez o dos.

Pero, por lo que parece, el viernes no estaba all. No la han mencionado. Podras decirnos algo sobre esa amistad? Ms o menos comparten la finca, deban de llevarse bien, si decidieron eso, vivir tan cerca, qu pudo llevar a que Duncan haya sido acusado de semejante horror?

Como vers, mi mujer y yo, padres e hijo, hemos vivido como tres adultos independientes, tenemos una relacin estrecha, pero no pretendemos meter la nariz en todo lo que hace. Relaciones distintas. Nosotros tenemos una relacin con l, l tiene la suya con otros.

Hasta ahora todo ha ido bien. Pero cuando algo como esto te cae encima, te das cuenta de lo que este No sabemos nada de lo que necesitamos saber. Quin era ese hombre? Qu tena que ver Duncan con l? Seguro que lo sabes!

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No podemos ir a ver a Duncan maana y preguntrselo, no? En la sala de visitas de una crcel? Con vigilantes y dems Hace bastante tiempo que somos todos amigos. Dave, desde luego; estudi arquitectura con Duncan, y yo tambin: trabajo con Duncan en la misma empresa. Pero no me un a ellos cuando alquilaron juntos la casa y la casita. Khulu es periodista, creo que Duncan lo conoci a l primero, cuando Khulu quera trasladarse a la ciudad desde Tembisa.

Cari, Cari J espersen es difcil hablar de l, or hablar de l, en el tono en que se da una informacin anodina, un hombre tendido en el depsito de cadveres, J espersen lleg hace unos dos aos, con un equipo dans de filmacin, o a lo mejor noruego, y, no s por qu, no volvi.

Trabaja, trabajaba, en una agencia de publicidad. Los tres alquilaron la casa principal y Duncan se qued con la casita. Pero ms o menos lo llevan todo juntos.

Quiero decir que yo voy por ah muchas veces, es una casa abierta, hemos pasado muy buenos ratos. Hay que superar sus inhibiciones; su lealtad, la preciosa confidencialidad depositada en el mensajero, gracias al privilegio de la amistad con una persona que l admira o que, tal vez, profesionalmente es ms hbil que l. Lo que emerge es un dato marginal: la naturaleza de su relacin con su hijo. Es difcil no impacientarse.

As que todos se llevaban bien, estupendo. No sabas nada sobre, alguna tensin? Tenan que ser muy graves, si tenemos que creer que Duncan, Duncan! Da lo mismo el arma, da lo mismo lo que diga que vio el hombre del jardn! No hay nadie ms que tenga lo que considere un motivo para atacar a J espersen? Por qu iba a hacerlo Duncan? Conoces a alguien?

El drama de Rosario Castellanos

La lnea de pensamiento de Harald se cruzaba con la de ella. Y la chica. Dnde estaba el viernes? Se ha terminado la relacin, ya no eran amantes?

El joven ha de hacer un esfuerzo para comunicarse con un padre que no necesita el eufemismo novia, tal como acostumbra a ser necesario en la comunicacin con los padres. Siguen juntos. Si ya lo sabis El da antes, el jueves por la noche.

Cenamos todos en la casa. Cari y David prepararon la comida para todos. No haba nada ms que decir? Nada ms que extraerle? Claudia deja caer las manos a los lados; los dedos se agitan. Por favor, cuntanoslo. Harald se levanta. El joven los mir alternativamente, como pidiendo clemencia, y empez de la nica manera que pudo, con el tono montono y apagado de quien narra las circunstancias de un accidente de trfico en el que nadie result herido: el tono prosaico que defiende a la emocin acorralada.

El ao pasado, en junio, Cari encontr trabajo para ella en la agencia de publicidad y empezaron a ir al trabajo en el coche de ella todos los das. O, algunas veces, en el de l. No s qu acuerdo tenan. De manera que muchas veces coman juntos tambin. Pero todo iba bien.

Qu quieres decir? Harald lo mira desde arriba. A Duncan no le importaba. No tena motivo para preocuparse. No le importaba que su amante pasara todo el da con otro hombre? Bueno, Cari y David eran pareja. Los tres de la casa son homosexuales, Khulu tambin. Los homosexuales muchas veces son muy buenos amigos de las mujeres y no suponen una amenaza para los novios de stas, claro est. Cari, Duncan y Natalie son grandes amigos.

Amigos muy especiales, dentro del grupo que pulula por la casa. Lo eran Pero Harald, consciente de que su reaccin es la habitual en un hombre heterosexual, no entiende cmo a Duncan no le molestaba que su mujer pasara el da entero con otro varn, al margen de cul fuera el sexo que resultara atractivo a ese varn. Su breve respuesta abre el camino, tanto para l como para Claudia, para que regrese el terror, el terror que vino cuando se pronunci el primer mensaje, esa noche; ese viernes.

Las palabras de Claudia son un toque de difuntos. El jueves, nos quedamos todos en la casa hasta bastante tarde. Haba ms gente, una pareja de amigos de Khulu. Cuando nos fuimos, Khulu se haba ido ya con sus amigos, y volv con Duncan a la casita. Natalie se haba ofrecido a ayudar a Cari a fregar los platos, David haba bebido un poco de ms y se fue a la cama. Pero, cuando pareca que todo estaba recogido en la cocina, Natalie no fue a la casita. Duncan se despert hacia las dos y vio que no estaba all con l.

Se asust, pensando que poda haberle pasado algo al cruzar el jardn a oscuras, y se dirigi a la casa. Cari estaba haciendo el amor con ella en el cuarto de estar.

Duncan no fue a trabajar el viernes por la maana y me llam al estudio. Me lo cont. Dijo que los haba encontrado en el sof: ese sof, ya sabis. En fin: no era la primera vez que Natalie tena algn lo con otro. Todos le conocemos un lo, por lo menos. Ella es as, pero creo que lo quiere, a Duncan.

A su manera. Recriminaciones y lgrimas, lo de siempre, y ella vuelve con l. Pero esta vez Un hombre al que no le gustan las mujeres, pero se siente atrado por Natalie.

Para decirlo crudamente. Natalie es para l una excepcin, deja a su amante dormido en la habitacin y hace el amor a Natalie en ese sof. Duncan estaba Ella no volvi a la casita, supongo que tena miedo de l. Se march. Subi a su coche, se march en plena noche y tampoco volvi el viernes. No estaba all cuando sucedi lo que sucedi. Esto es todo lo que s y no estoy diciendo con esto que Duncan haya hecho lo que se supone que ha hecho, no estoy implicando nada, no quiero que pensis que lo que os he contado es definitivo, yo no estaba all, no lo vi; aunque conozco bien a Duncan, vuestro hijo, no s qu pas dentro de l Ahora estn los tres de pie como si, de nuevo, fuera a suceder algo para lo que no existe preparacin posible.

De la misma manera que la ansiedad puede hacer que el cuerpo rompa a sudar, ellos reproducen la presin atmosfrica de aquella casa en la que Duncan entra el otro hombre est solo en aquel sof bebiendo un Bloody Mary y sta los abruma.

Pero no pueden admitirlo; deben transformarla en algo comprensible, controlable. El mensajero se dispone a hacer que su corcel gire en redondo y partir: eso es. No puede soportar ms su necesidad, ya tiene bastante.

No te vayas le pide Claudia, aunque l no se ha movido. De modo que queda aceptado; lo que iba a suceder era que l iba a abandonarlos. Ella abre las manos sealando el lugar donde estaban sentados y vuelve a ocupar su sitio. Para retenerlo con ellos, pasan a discutir temas prcticos.

La posibilidad de pedir una vez ms la libertad bajo fianza cuando el caso comparezca en una primera vista; las condiciones en las que se encuentra un preso a la espera de juicio.

Podran seguir preguntado muchas cosas, l y ellos lo saben, y l podra seguir contando sobre aquella casa con sof, sobre la casita y la vida que su hijo llevaba all, pero les parece evidente que el joven se encuentra en un conflicto entre lo que es una obligacin para con ellos y la traicin a los cdigos de la amistad.

Lo ms cerca que pueden llegar de esa zona es preguntndole si, ltimamente, Duncan pareca tener algn problema, pongamos, en el trabajo que no es un contexto ntimo.

Lo haban notado? Eso era lo mximo que Harald poda acercarse a cualquier estado mental enloquecido que hubiera podido darse en la casita. Duncan es una persona fuerte. Esto podra satisfacer a Harald, pero Claudia apart la vista de los dos hombres con un gesto brusco.

Trabajas con l en el mismo despacho, quieres decir que, sencillamente, oculta su estado de nimo, sus sentimientos? Incluso a ti? Te llam, habl contigo, el viernes. Si nos apetece hablar de algo, lo hacemos; si uno de nosotros no quiere, no lo hacemos. Lo dejamos correr. Siempre ha sido una persona reservada. Tal vez habra sido mejor si hubiera hablado antes. Cmo puedes decir eso, Harald: siempre ha sido abierto y afectuoso; no ibas a esperar que hablara de sus asuntos amorosos contigo.

Hablaban de su hijo, el amigo de J ulin Verster, como si estuviera muerto. Estar en la crcel es estar muerto a la conexin con la conciencia exterior, existir en ella slo en pasado. Un silencio horrorizado los interrumpi. Harald mir a Claudia con la expresin que, segn los signos familiares entre ellos, sugera que deberan ofrecer una bebida al joven. Ella pareca atnita, inabordable. Harald cogi unos vasos y botellas, latas de soda y zumo de frutas, el hbito usual de la hospitalidad.

Los vasos llenos les dieron algo que hacer con las manos; si no podan hablar, por lo menos podan tragar. No recuerdo haberlo visto beber nunca whisky. Siguieron el razonamiento de Claudia: hasta la botella de whisky, el vaso sin usar y el cubo de hielo junto a ese sof. Antes de irse, pareci prudente preguntarle si, como amigo ntimo, como resulta evidente J ulin Verster poda sugerir algo en concreto para llevarle a la visita del da siguiente.

Nada, claro. Por la noche, insomnes, ponen en escena lo que podra suceder. En el lugar de los paisajes onricos, la oscuridad da forma a la crcel, las rejas de acero, las llaves quizs ahora haya un sistema de segundad controlado electrnicamente, como los ojos verdes o rojos que autorizan o impiden entrar o salir por las puertas de un banco.

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El Eterno Femenino

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